TIPOLOGÍA DE LA NAVAJA – PARTE 2: LAS NAVAJAS DE ANDALUCIA Y OTRAS HISTORIAS

TIPOLOGÍA DE LA NAVAJA – PARTE 2:

LAS NAVAJAS DE ANDALUCÍA Y OTRAS HISTORIAS

 

La navaja está tan arraigada a la cultura española que no hace mucho llevarla era costumbre entre el pobre, el rico, el hombre de campo y el de ciudad, tanto el viejo y el joven tenían su propia navaja que exhibían con orgullo.

Era tal la devoción hacía la navaja entre las gentes de España, que tal y como recoge Rafael Martinez del Porton en su obra “Las navajas: Un estudio y colección”  en algunas regiones como Cartagena existía la costumbre de “tomar la faca”, que suponía el paso de niño a hombre dentro del seno familiar.

Esta ceremonia arraigada entre las clases mineras de la zona tenía lugar cuando el majo cumplía los dieciocho años, era algo así como armarse caballero, el majo hasta este momento no era independiente, ya se guardaría de beber o tener novia hasta este momento.

La ceremonia casi como todas las celebraciones populares era una fiesta de interés en el pueblo, acudían los familiares, los majos y todas las muchachas, se bebía y bailaba. El baile se interrumpía para que el hijo tomara solemnemente la faca de manos de su padre, el padre hacía una cruz en el aire y le decía “Hijo mío, te entrego la faca. Esta faca rondó a tu madre cuando la pretendí. No ha matado a nadie, pero me ha hecho respetar. Que Dios quiera que cumplas como hombre, como cumplieron tus abuelos y cumplió tu padre”. ¹

Por desgracia, algo tan bonito, un instrumento utilizado generación tras generación, la herramienta del humilde, adquirió una fama desmerecida. Considerada un arma traidora, propia de bellacos y gente de mal vivir. Gentes de mala calaña le dieron una injusta fama a la navaja. Así pues, encontramos las palabras del Duque de Tobar, el cual afirmó en su libro Viajeros románticos por España, que en la hoja de las espadas era propio el inscribir “No me saques sin razón ni me envaines sin honor”, puesto que las espadas eran un arma noble y que estas inscripciones jamás pueden ir en una navaja, por ser un arma plebeya y del populacho.

Sin embargo, esto desvirtúa totalmente la importancia de la navaja, la cual servía en el campo, en los viajes, cacerías, monterías, cuchillo y tenedor, una hoja que corta y sirve, corta el pan, la carne y el pescado, incluso como cuchara, con un trozo de pan pinchado en la punta y un poco de maña para apurar hasta la última gota de un guiso.

En los pueblos de la Mancha y Andalucía, era utilizada para desollar la caza, matar y descuartizar a los animales de granja, era utilizada hasta para vendimiar. 

Por supuesto, no podemos olvidar la función como arma defensiva y en algunas ocasiones como hacedora de honores, hablamos de los famosos duelos a navaja. Nos centraremos para este punto en Andalucía, tierra de la navaja que hoy nos ocupa la navaja Sevillana¸ una tierra forjada con sudor, fuego y acero.

Así, contradiciendo al Duque de Tobar, la fascinación de los que utilizaban las navajas como un arma para defender su honor no conoció límites, por poner algunos ejemplos existieron muchas navajas grabadas con inscripciones como:

“No me abras sin razón ni me cierres sin honor”

“El hombre propone y Dios dispone”

“Si esta víbora te pica no acudas a la botica”

Estas inscripciones son muy ilustrativas del respeto y la fascinación de las gentes de Andalucía por las navajas, herramientas sí, pero de mucho carácter.

Y es que tal y como señalaba Teófilo Gautier en “Viaje por España” los maestros de este arte son tan numerosos en Andalucía como los maestros de esgrima en París. Todo esgrimidor de navaja tiene su método especial y sus golpes secretos; los inteligentes, según se afirma, cuando ven una herida conocen al artista que ha ejecutado el trabajo, de la misma manera que por unas pinceladas se puede identificar a un pintor.

Las navajas andaluzas

Así nos aproximamos a las navajas andaluzas, entre ellas encontramos las navajas sevillanas y cordobesas, navajas curvas, parecidas a las de Albacete pero más estilizadas, la más noble y refinada de todas las navajas. Recordemos de nuestra anterior entrada que las navajas de antaño poco tienen que ver en dimensiones con las que se comercializan actualmente, las cuales en muchas ocasiones no son ni la mitad de su tamaño original.

Los caminos del uso de la navaja conduce a Andalucía, con figuras tan características como el baratero, figura que no era exclusiva de Andalucia pero que si abundaba en esta región.

Así, podíamos encontrar ciudades como Sevilla o Almería, de calles tortuosas, estrechas y escarpadas. Fueron guarida de las peores clases, gentes de vida airada, rateros, charranes y barateros, los cuales denominan a sus navajas como mojosas, chairas, teas, cortes, herramientas, hierros o abanicos. 

La navaja y su esgrima es un arte de origen incierto, pero naciera o no en Andalucía está claro que este conocimiento ya perdido no sería el mismo sin las navajas andaluzas. Maestros en esta esgrima enseñaban a los más valientes todo sobre las reglas, los golpes mortales y como evitarlos. Gentes peligrosas abundaban en estas tierras, en las que se podían encontrar las figuras del charrán y baratero.

El charrán no es más que un gandul, en el sentido literal de la palabra, un paría que ha convertido el no hacer nada en un medio de vida. Si sobrevive lo suficiente en esta vida como para envejecer lo más común es que se convierta en un baratero, si es que una navaja no ha acabado antes con tal trágico destino. 

Le Charran – Gustavo Doré – a: L’Espagne / par Le Baron CH. Davillier ;

El baratero no es exclusivo de Andalucia, pero en ningún sitio se encontraba calaña tan refinada como la de estos rufianes. Hombres con un dominio envidiable de la navaja, una habilidad para robar y el rateo nunca antes visto, temidos por jugadores en partidas ilegales, escasa la suerte del viajero que se lo encuentre en un callejón oscuro o el pobre diablo que tenga tan mala suerte como para comenzar una riña con él.

Barateros, sevillana y cordobesa en mano se batían en riñas, duelos y peleas por toda la ciudad, gente de malas formas sí, pero con unas normas no escritas, las reglas del honor. Un honor que se mantiene en su acero, su maestría y a veces porque no, un poco de suerte. (es tan fácil salir mal parado por tu propia navaja y su mal uso, que las peleas con navajas suelen tener un efecto catastrófico, aun cuando se ganen el vencedor notará la mella)

La desjarretazo – Gustavo Doré – a: L’Espagne / par Le Baron CH. Davillier ;

Recordemos en este punto que los barateros han perfeccionado el arte de manejar la navaja, saben asentar el golpe y no suelen errar. Algunas navajas (recordemos que las dimensiones de las navajas antiguas excedían con creces las de ahora), estaban perfeccionadas para que al igual que el cuchillo de Arkansas o el Bowie, sacar las tripas de un hombre o atravesarlo de una parte a otra si fuera necesario.

Para finalizar con esta entrada y ya que una imagen siempre vale más que mil palabras, os dejo unas imágenes de mis navajas de Andalucía. En este caso una navaja sevillana y una navaja cordobesa. Como se puede observar en estas imágenes, la navaja Sevillana se parece a la de Albacete en su forma, pero más estilizada, mientras que la cordobesa es más recta pero a la vez termina en formas ovaladas o curvas:

¡Espero que os haya gustado! ¡Hasta la próxima actualización!

  1. Rafael Martinez del Porton – Las navajas: Un estudio y colección –  Consejo Superior de Investigaciones Científicas 1980. Link
Navaja Albaceteña Artesania Herreros

Tipología de la navaja: La navaja albaceteña

TIPOLOGÍA DE LA NAVAJA – PARTE 1:

LA NAVAJA ALBACETEÑA ¡OLE Y ODO!

Navaja Albaceteña Artesania Herreros

La navaja albaceteña es todo un clásico dentro de las navajas típicas españolas, esta navaja se ha convertido en un símbolo de Albacete reconocido mundialmente.

Reconocida en el extranjero como la navaja española por antonomasia su origen se remonta a la cultura musulmana. Aunque la encontramos documentada por primera vez en el último tercio del siglo XV (a la misma vez que la Feria de Albacete, ¡toma ya!), su uso generalizado comenzó en el siglo XVII, como una de las denominadas navajas de “ataque-defensa”.

No sería hasta el siglo XIX cuando la navaja albaceteña alcanzaría un cierto renombre. La llegada del ferrocarril a Albacete supuso la apertura de la ciudad al resto de España, y con ello la llegada de un incesante grupo de viajeros. Es ahí donde surge la figura del navajero, un vendedor ambulante que armado con un cinto expositor recorría la estación ofreciéndole esta navaja a los visitantes.

El navajero, estatua en Albacete
El navajero, estatua representación de estos vendedores de navajas en Albacete

Si bien hemos de decir que el modelo clásico sobresalía por sus grandes dimensiones, el diseño moderno sigue fiel a la estética clásica pero su tamaño es algo más reducido, la navaja pasa de ser una navaja de ataque-defensa a considerarse una herramienta, y en algunos casos se considera una pieza ornamental, un reflejo del estatus social de la persona y un símbolo de su poder adquisitivo.

La reducción de tamaño y demás modificaciones estéticas que sufrió esta navaja tienen su razón de ser en la prohibición del uso de armas blancas dictada por Felipe V en el año 1723, esta supuso un punto de inflexión no ya tan sólo para Albacete, sino para todos los fabricantes de cuchillería nacionales. Es notable que frente a esta prohibición tan sólo sobrevivieran los talleres de Albacete y Barcelona y que supusiera un duro golpe para otras zonas cuchilleras como Toledo, cuyo sector entró en una crisis muy pronunciada, llegando casi a su extinción.

Esta prohibición además inició la decadencia de los gremios de artesanos cuchilleros de Albacete, es en este momento cuando los artesanos cuchilleros se ven obligados a abandonar los gremios para empezar sus andaduras en solitario e intentar hacerse hueco en el mercado poco a poco para intentar sobrevivir.

Por suerte el sector de la cuchillería de Albacete supo sobreponerse, y es en el siglo XIX cuando da el salto incluso a diversos lugares de Europa. Prueba de ello son los diferentes libros de viaje, manuales, informes económicos, etc. en el que aparece reflejada la cuchillería de Albacete y más en concreto, su navaja.

Es durante el periodo comprendido entre estos siglos en los que la navaja albaceteña alcanza todo su esplendor, surgen diferentes variaciones de la misma pero siempre fiel al estilo curvo de la misma, así encontramos las navajas de anilla, fieles, ventana, etc. fruto del ingenio de los artesanos los cuales muchas veces se inspiraron en las navajas icónicas repartidas por toda la geografía nacional.

Por desgracia, la belle époque de la navaja albaceteña tuvo un final, y esta fue a finales del siglo XIX, tendencia que se mantendría del siglo XX en adelante. El declive de esta obra de arte no fue otro que el paso a la producción industrial, los artesanos, cuyo número se ha visto diezmado se retiraron paulatinamente dejando paso a las grandes fábricas de cuchillería industrial de Albacete.

Como se suele decir, el ave fénix resurgió de sus cenizas, la cuchillería resurgió de nuevo bajo  la producción industrial de navajas en Albacete, el cual alcanza unos niveles impresionantes con casi 80 empresas dedicadas al mismo. Pero con ello llegan nuevos problemas, la reglamentación de armas de 1981 y la fabricación de las navajas típicas de Albacete (y demás piezas) en países del sureste asiático arrasan con el sector de la cuchillería de Albacete, el cual intenta salir adelante intentando educar al consumidor sobre como diferenciar una navaja artesanal de las copias fabricadas en terceros países, pero el daño ya estaba hecho.

Por suerte, las empresas de Albacete y artesano pudieron actuar con rapidez aunando voluntades en una asociación para la defensa de la cuchillería de Albacete (APRECU – Asociación de Cuchillería y afines), la cual es la propietaria de la marca de calidad AB-Cuchillería, marca que actúa como un sello de garantía de origen para diferenciar los productos de Albacete de los que proceden de terceros países.

Museo de la cuchillería de Albacete, inaugurado el 6 de septiembre de 2004
Museo de la cuchillería de Albacete, inaugurado el 6 de septiembre de 2004

Para finalizar con esta entrada lo haremos con dos datos curiosos, el primero es que la navaja de Albacete no ha sido tan sólo una herramienta, sino que ha sido considerada como un símbolo que reflejaba en estatus de su propietario, así pues, encontramos navajas con engarces de materiales preciosos (oro, plata, diamantes, etc.), con decoraciones recargadas y adustas o incluso con dimensiones que la hacían inadecuada para su uso (exageradamente grandes), estas piezas se enseñaban o se portaban como un símbolo de poder pero rara vez se utilizaban.

El segundo apunte curioso es que el aprendiz de cuchillero, y en concreto de navajero era tan importante en el siglo XVII y XVIII que se establecían rigurosos métodos para salvaguardar los secretos de cada artesano. Por ello, el ser acogido por un maestro como un aprendiz de cuchillero llevaba revestidas ciertas formalidades. Maestro y Aprendiz firmaban un contrato, el maestro pasaría a ser casi como un padre para el aprendiz desde el mismo momento en el que se formalizaba ante el escribano (lo que vendría a ser un notario moderno, con ¡sus testigos y todo oye!). El maestro debía de hacerse cargo de su pupilo, acogiéndole durante su aprendizaje y comprometiéndose a enseñarle el oficio, darle comida, vestimenta, calzado, un lecho sobre el que dormir y una vida honesta.

Por su parte el aprendiz se obligaba a servir en casa del maestro cuchillero en todas aquellas labores que pudiera serle de asistencia, no pudiendo marcharse por su voluntad a menos que el Maestro le expulsara de su tutela (si la causa no fuera justa debía de pagarle lo que le correspondiera por tiempo y antigüedad al pupilo).

El maestro le transmitía todos sus secretos al pupilo, el cual terminada su formación podría trabajar como un igual junto al que era su maestro o establecerse como un artesano propiamente dicho transcurrido el periodo de gracia estipulado en el anterior contrato.

Para finalizar, y aunque mucho de este conocimiento se ha perdido, por suerte algunos de estos secretos viven aún hoy en día en las manos de los pocos artesanos que aún quedan en Albacete, gente que conoce los entresijos de los filos, que hablan con sus piezas y que comprenden saberes y haceres ya perdidos y olvidados pero, no por ello menos valiosos.

José Antonio Herreros.