Tipología de la navaja: La navaja albaceteña

TIPOLOGÍA DE LA NAVAJA – PARTE 1:

LA NAVAJA ALBACETEÑA ¡OLE Y ODO!

Navaja Albaceteña Artesania Herreros

La navaja albaceteña es todo un clásico dentro de las navajas típicas españolas, esta navaja se ha convertido en un símbolo de Albacete reconocido mundialmente.

Reconocida en el extranjero como la navaja española por antonomasia su origen se remonta a la cultura musulmana. Aunque la encontramos documentada por primera vez en el último tercio del siglo XV (a la misma vez que la Feria de Albacete, ¡toma ya!), su uso generalizado comenzó en el siglo XVII, como una de las denominadas navajas de “ataque-defensa”.

No sería hasta el siglo XIX cuando la navaja albaceteña alcanzaría un cierto renombre. La llegada del ferrocarril a Albacete supuso la apertura de la ciudad al resto de España, y con ello la llegada de un incesante grupo de viajeros. Es ahí donde surge la figura del navajero, un vendedor ambulante que armado con un cinto expositor recorría la estación ofreciéndole esta navaja a los visitantes.

El navajero, estatua en Albacete
El navajero, estatua representación de estos vendedores de navajas en Albacete

Si bien hemos de decir que el modelo clásico sobresalía por sus grandes dimensiones, el diseño moderno sigue fiel a la estética clásica pero su tamaño es algo más reducido, la navaja pasa de ser una navaja de ataque-defensa a considerarse una herramienta, y en algunos casos se considera una pieza ornamental, un reflejo del estatus social de la persona y un símbolo de su poder adquisitivo.

La reducción de tamaño y demás modificaciones estéticas que sufrió esta navaja tienen su razón de ser en la prohibición del uso de armas blancas dictada por Felipe V en el año 1723, esta supuso un punto de inflexión no ya tan sólo para Albacete, sino para todos los fabricantes de cuchillería nacionales. Es notable que frente a esta prohibición tan sólo sobrevivieran los talleres de Albacete y Barcelona y que supusiera un duro golpe para otras zonas cuchilleras como Toledo, cuyo sector entró en una crisis muy pronunciada, llegando casi a su extinción.

Esta prohibición además inició la decadencia de los gremios de artesanos cuchilleros de Albacete, es en este momento cuando los artesanos cuchilleros se ven obligados a abandonar los gremios para empezar sus andaduras en solitario e intentar hacerse hueco en el mercado poco a poco para intentar sobrevivir.

Por suerte el sector de la cuchillería de Albacete supo sobreponerse, y es en el siglo XIX cuando da el salto incluso a diversos lugares de Europa. Prueba de ello son los diferentes libros de viaje, manuales, informes económicos, etc. en el que aparece reflejada la cuchillería de Albacete y más en concreto, su navaja.

Es durante el periodo comprendido entre estos siglos en los que la navaja albaceteña alcanza todo su esplendor, surgen diferentes variaciones de la misma pero siempre fiel al estilo curvo de la misma, así encontramos las navajas de anilla, fieles, ventana, etc. fruto del ingenio de los artesanos los cuales muchas veces se inspiraron en las navajas icónicas repartidas por toda la geografía nacional.

Por desgracia, la belle époque de la navaja albaceteña tuvo un final, y esta fue a finales del siglo XIX, tendencia que se mantendría del siglo XX en adelante. El declive de esta obra de arte no fue otro que el paso a la producción industrial, los artesanos, cuyo número se ha visto diezmado se retiraron paulatinamente dejando paso a las grandes fábricas de cuchillería industrial de Albacete.

Como se suele decir, el ave fénix resurgió de sus cenizas, la cuchillería resurgió de nuevo bajo  la producción industrial de navajas en Albacete, el cual alcanza unos niveles impresionantes con casi 80 empresas dedicadas al mismo. Pero con ello llegan nuevos problemas, la reglamentación de armas de 1981 y la fabricación de las navajas típicas de Albacete (y demás piezas) en países del sureste asiático arrasan con el sector de la cuchillería de Albacete, el cual intenta salir adelante intentando educar al consumidor sobre como diferenciar una navaja artesanal de las copias fabricadas en terceros países, pero el daño ya estaba hecho.

Por suerte, las empresas de Albacete y artesano pudieron actuar con rapidez aunando voluntades en una asociación para la defensa de la cuchillería de Albacete (APRECU – Asociación de Cuchillería y afines), la cual es la propietaria de la marca de calidad AB-Cuchillería, marca que actúa como un sello de garantía de origen para diferenciar los productos de Albacete de los que proceden de terceros países.

Museo de la cuchillería de Albacete, inaugurado el 6 de septiembre de 2004
Museo de la cuchillería de Albacete, inaugurado el 6 de septiembre de 2004

Para finalizar con esta entrada lo haremos con dos datos curiosos, el primero es que la navaja de Albacete no ha sido tan sólo una herramienta, sino que ha sido considerada como un símbolo que reflejaba en estatus de su propietario, así pues, encontramos navajas con engarces de materiales preciosos (oro, plata, diamantes, etc.), con decoraciones recargadas y adustas o incluso con dimensiones que la hacían inadecuada para su uso (exageradamente grandes), estas piezas se enseñaban o se portaban como un símbolo de poder pero rara vez se utilizaban.

El segundo apunte curioso es que el aprendiz de cuchillero, y en concreto de navajero era tan importante en el siglo XVII y XVIII que se establecían rigurosos métodos para salvaguardar los secretos de cada artesano. Por ello, el ser acogido por un maestro como un aprendiz de cuchillero llevaba revestidas ciertas formalidades. Maestro y Aprendiz firmaban un contrato, el maestro pasaría a ser casi como un padre para el aprendiz desde el mismo momento en el que se formalizaba ante el escribano (lo que vendría a ser un notario moderno, con ¡sus testigos y todo oye!). El maestro debía de hacerse cargo de su pupilo, acogiéndole durante su aprendizaje y comprometiéndose a enseñarle el oficio, darle comida, vestimenta, calzado, un lecho sobre el que dormir y una vida honesta.

Por su parte el aprendiz se obligaba a servir en casa del maestro cuchillero en todas aquellas labores que pudiera serle de asistencia, no pudiendo marcharse por su voluntad a menos que el Maestro le expulsara de su tutela (si la causa no fuera justa debía de pagarle lo que le correspondiera por tiempo y antigüedad al pupilo).

El maestro le transmitía todos sus secretos al pupilo, el cual terminada su formación podría trabajar como un igual junto al que era su maestro o establecerse como un artesano propiamente dicho transcurrido el periodo de gracia estipulado en el anterior contrato.

Para finalizar, y aunque mucho de este conocimiento se ha perdido, por suerte algunos de estos secretos viven aún hoy en día en las manos de los pocos artesanos que aún quedan en Albacete, gente que conoce los entresijos de los filos, que hablan con sus piezas y que comprenden saberes y haceres ya perdidos y olvidados pero, no por ello menos valiosos.

José Antonio Herreros.

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